Hay regresos que parecen diseñados únicamente para aprovechar la nostalgia y otros que justifican por sí solos haber esperado tantos años. Onimusha: Way of the Sword pertenece al segundo grupo. Capcom recupera una saga que llevaba dos décadas sin recibir una nueva entrega principal y lo hace entendiendo que aquello que funcionaba en PlayStation 2 no podía trasladarse sin cambios hasta 2026. El resultado es un juego reconocible como Onimusha, pero construido alrededor de un sistema de combate mucho más ambicioso.
No es necesario haber jugado a las anteriores entregas. Way of the Sword funciona como un nuevo comienzo y nos coloca en la piel de Miyamoto Musashi, un samurái que termina portando el Guantelete Oni y enfrentándose a los Genma que están sembrando el caos en Kioto. La premisa conserva elementos tradicionales de la franquicia, pero introduce nuevos personajes y una historia independiente.
Musashi, además, termina siendo uno de sus grandes aciertos. No estamos ante el típico protagonista solemne e inexpresivo. Es arrogante, despreocupado y tiene un punto cómico que funciona sorprendentemente bien. A su alrededor aparece un reparto de secundarios y villanos con bastante personalidad, aunque la historia necesita unas cuantas horas para encontrar su ritmo.
Cuando desenvainar la katana se convierte en un arte
La razón por la que resulta tan fácil recomendar Onimusha: Way of the Sword aparece en cuanto el juego empieza a exigirnos dominar su combate.
Las comparaciones con Sekiro son inevitables, pero reducirlo a eso sería injusto. Los desvíos son fundamentales y los enemigos cuentan con una resistencia que podemos romper para dejarlos expuestos, pero Capcom introduce diferentes respuestas dependiendo del ataque que recibimos. No podemos reaccionar igual ante un espadazo que frente a una embestida o determinados ataques especiales.
Aprender a interpretar al enemigo termina siendo más importante que atacar sin descanso. Hay ataques rápidos y fuertes, evasiones, diferentes tipos de contraataques, arco, armas Oni y elementos del propio escenario que podemos aprovechar durante los enfrentamientos. A ello se suman los Issen, golpes críticos capaces de acabar rápidamente con muchos Genma cuando ejecutamos correctamente la respuesta que exige el combate.
Las primeras horas no muestran todo su potencial. Los enemigos iniciales son relativamente sencillos y podemos avanzar sin dominar realmente todos los sistemas. Pero conforme aparecen rivales más peligrosos, el juego empieza a obligarnos a comprenderlos.
Y entonces todo encaja.
Onimusha: Way of the Sword consigue que bloquear un ataque en el instante preciso y responder con un Issen sea satisfactorio incluso después de decenas de horas.
Unos jefes que justifican el viaje
Si el combate contra enemigos normales es excelente, los jefes elevan todavía más el nivel.
Son, sin demasiadas dudas, lo mejor de Way of the Sword. Capcom utiliza estos enfrentamientos para explotar prácticamente todas las posibilidades de su sistema de combate y consigue que muchos funcionen como auténticos duelos entre espadachines.
No basta con aprender una secuencia y repetirla. Hay enfrentamientos con acciones especiales, oportunidades concretas para utilizar el arco, cadenas de desvíos y momentos en los que identificar correctamente una animación cambia por completo el resultado del combate.
También existe una opción de revancha que permite volver a enfrentarnos a determinados rivales. Y tiene sentido que esté ahí: algunos combates son tan buenos que apetece repetirlos simplemente por intentar ejecutarlos mejor.
El problema es que Capcom también reutiliza demasiado algunos minijefes. Enfrentamientos que impresionan la primera vez pierden parte de su fuerza cuando aparecen por quinta o sexta ocasión. Algo parecido sucede con los enemigos normales: existen diferentes variantes y comportamientos, pero durante una aventura de esta duración habría sido deseable una variedad mayor.
Entre la aventura lineal y las calles de Kioto
Way of the Sword tampoco intenta convertirse en un gigantesco mundo abierto. Su estructura alterna escenarios bastante lineales con una zona más abierta situada en Kioto, a la que regresamos regularmente durante la aventura.
Los niveles tradicionales funcionan como recorridos centrados principalmente en el combate, con algunos secretos y pequeñas interacciones con el escenario. La exploración queda en un segundo plano y los puzles tienen una presencia mucho menor que en los Onimusha clásicos.
Kioto sirve como contrapunto. Podemos explorar sus calles, buscar cofres, mejorar a Musashi y completar encargos de los habitantes. Las mejoras afectan a elementos como la vitalidad, el ataque o las capacidades del Guantelete Oni, por lo que dedicar tiempo al contenido secundario tiene beneficios reales.
Sin embargo, aquí aparece uno de los principales problemas del juego. Muchas actividades opcionales terminan reduciéndose a combatir, buscar determinados objetos o cerrar grietas con varias oleadas de enemigos. La estructura puede volverse repetitiva si intentamos completar absolutamente todo antes de continuar con la historia.
La campaña principal puede completarse aproximadamente en unas 15-20 horas, mientras que explorar el contenido secundario puede elevar considerablemente esa cifra. También existe Nueva Partida+ y una dificultad adicional después de terminar la aventura.
Un regreso espectacular, aunque no perfecto
Visualmente, Way of the Sword demuestra una vez más la versatilidad del RE Engine. Kioto, los templos, los bosques y los escenarios dominados por los Genma ofrecen momentos espectaculares, pero donde realmente destaca el apartado gráfico es en los personajes.
Las animaciones faciales son excelentes y ayudan enormemente a que Musashi y el resto del reparto tengan personalidad. El juego también sabe abrazar ocasionalmente una estética mucho más oscura, con criaturas y situaciones que recuerdan inevitablemente la experiencia acumulada por Capcom trabajando con Resident Evil.
El doblaje al castellano termina de redondear una producción especialmente cuidada.
No todo mantiene ese nivel. Algunos personajes secundarios tienen bastante menos detalle y determinadas zonas podrían ofrecer algo más de variedad. Tampoco ayuda la reutilización de enemigos y minijefes, probablemente el defecto que más se nota conforme se acumulan horas.
Pero son problemas que cuesta colocar por encima de aquello que Way of the Sword hace extraordinariamente bien.
Capcom tenía que decidir cómo recuperar Onimusha después de veinte años y ha optado por no convertirlo simplemente en otro soulslike ni intentar reproducir exactamente los juegos de PlayStation 2. Ha construido una aventura de acción moderna que conserva elementos reconocibles de la serie y coloca el duelo con espada en el centro de prácticamente todas sus decisiones.
Y cuando dos katanas chocan, Onimusha: Way of the Sword está entre los mejores juegos de acción que ha producido Capcom en los últimos años.
Excelente
Onimusha: Way of the Sword devuelve la saga de Capcom con uno de los sistemas de combate con espada más satisfactorios de los últimos años y unos enfrentamientos contra jefes excepcionales. La repetición de enemigos y ciertas actividades secundarias impiden que alcance la excelencia absoluta, pero no empañan uno de los grandes regresos de 2026.
Lo mejor
- Un sistema de combate profundo, preciso y enormemente satisfactorio.
- Los enfrentamientos contra jefes son espectaculares.
- Musashi tiene personalidad y el apartado audiovisual está a un nivel altísimo.
Lo peor
- Reutiliza demasiado algunos enemigos y minijefes.
- Parte del contenido secundario termina siendo repetitivo.
- La aventura tarda unas horas en mostrar todo su potencial.
Hemos analizado Onimusha: Way of the Sword en PlayStation 5 con una copia comprada.



Comentarios
Cargando comentarios…